martes, 5 de agosto de 2014

EL CASTILLO DE BELVÍS, SÍMBOLO DEL PODER SEÑORIAL EN LA EDAD MEDIA

       Un estudio realizado por el arqueólogo e historiador moralo Antonio González Cordero en los años 90 detalla las características constructivas del Castillo de Belvís de Monroy, del que señala que "conceptuado como castillo-casa fuerte, se levanta al filo de la Baja Edad Media, emergiendo desde un principio en el flanco de un berrocal como símbolo señorial" del caballero placentino Hernán Pérez del Bote, a quien Sancho IV le donó aquellas tierras con el objetivo de "repoblar el lugar y alzar un castillo desde el que se pudiera proteger la frontera y hacer frente a los bandidos golfines".

Angostas escalinatas.
Foto: Juan Carlos Moreno
        El estudio de Antonio González Cordero, titulado "Castros, Castillos, Torres, Fuertes y Puentes en la línea del Tajo, comarcas de la Jara y el Campo Arañuelo" fue presentado en los II Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo (Mayo, 1995), obteniendo el Segundo Premio de los mismos (II Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo "D. Antonio Mª Concha y Cano", editado por el Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata, 1996).

     Dentro de dicho estudio y en el apartado dedicado al castillo de Belvís de Monroy, el arqueólogo presenta una detallada descripción de su estructura y edificaciones, del que destaca su "complejidad fruto de las modificaciones que se han ido introduciendo a lo largo de los siglos".

     De la primera época corresponde la cerca exterior que rodea el conjunto "reforzada con siete torres cilíndricas, semicilíndricas y un espolón triangular por el flanco septentrional, mientras el meridional lo recorre un muro totalmente liso. Este muro se adapta a la topografía irregular del terreno, dejando dos vanos de entrada, al Norte y al Sur de la fortaleza, siendo el último más antiguo".

          El estudio explica que en el recinto interior y a ambos lados de una torre de sección triangular se levantan distintas dependencias, entre otras "una capilla cubierta por bóveda de cañón, alacenas, miradores, salas de ceremonia y de residencia".

Edificio residencial.
Foto: Juan Carlos Moreno
         Adosado al edificio con función residencial quedó la torre del homenaje "destacada en altura del resto de la obra". Según se especifica "es de planta cuadrada y a ella se accede por distintos cuerpos a través de angostas escalinatas que cerca de la cúspide llegan a ser de caracol". La citada torre "remata en una plataforma que debió de estar tachada" con una fachada en la que se abren ventanales "que dan vista a todas las tierras del contorno".

         Sobre el bloque Norte dice el estudio que debió servir en principio como patio de armas, almacenes y caballerizas" insertándose "las dependencias palaciegas entre los siglos XVI y XVII, así como un patio cerrado con arcadas decoradas con figuras platerescas y renacentistas" lamentando que hayan sido "expoliadas por extraños y vecinos". El patio se componía de dos pisos abovedados, rematando el superior "una serie de esgrafiados alusivos a los personales de la casa, rodeados siempre de roleos y figuras que recuerdan las reproducciones de las casas coloniales españolas".

      El piso inferior "estuvo lucido hasta media altura por azulejos, lo mismo que las balconadas, rodapies y chimeneas", pero según destaca "al igual que sillares, ménsulas y columnas han sufrido un gran deterioro y destrucción". En el centro del patio "un estanque o fuente alimentaba los jardines rodeados de los escudos que rememoraban los orígenes de las distintas ramas familiares". 

         En su descripción del recinto, González Cordero explica en el estudio que alrededor del citado patio, en los espacios repartidos al norte y este de la fortaleza "pueden apreciarse miradores, chimeneas formando parte de estancias residenciales en las que los mampuestos irregulares de granito son sustituidos por el ladrillo y el sillar trabajado", datando estas obras en el siglo XVII "tal vez por encargo del último señor de Belvís, Don Francisco de Monroy".

        Por último el estudio asevera que "con la pérdida de mayorazgo, que pasa a Oropesa, el castillo va perdiendo habitantes, encontrándose en el siglo XIX ruinoso y despoblado". No obstante, destaca que "a partir de los años sesenta, ligeras obras de restauración y consolidación, han frenado la destrucción de tan singular monumento, al tiempo que permite recrear algunos aspectos de la vida en el castillo".

                                                            
                                                                            Juan Carlos Moreno, 5-8-14


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